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Finalizó Enero con dos grandiosas noches de retiro. En una de ellas tuve la oportunidad de ejercitar una virtud que a todos nos hace falta: la prudencia. Hubo un proceso bastante fuerte para un paciente. Generalmente les digo “es normal que se escuchen risas, llantos y uno que otro aullido”, pues en esa noche la liberación fue de esas que como guía te hacen erizar la piel. ¿Qué hacer? me pregunté. No interrumpí, no aconsejé. Solo callé, observé y acompañé. Hasta que mi prudencia me dio vía libre, llegó la palabra necesaria para hacer el polo a tierra en aquel viaje a lo que me describió esa persona como “El encierro”.
También reflexioné sobre una pregunta que me hizo una participante: ¿Cómo honrar a mis ancestros?
La mejor forma de honrar a nuestros ancestros es no tropezar con la misma piedra que ellos tropezaron y explotar el potencial que por herencia nos dejaron.
Si mi abuelo sufrió, al conocer su historia, contexto, limitaciones y carencias, entonces muy probablemente algunos de sus tropezones trataran de replicarse en mi, pero como una fracción (grande o pequeña) de mi forma de ser está condicionada por mi ascendencia, pues en vez de lamentarme por su incambiable historia, voy a decidir hacerlo diferente, con la gran ventaja de tener muy en cuenta mi talón de aquiles.

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Por otro lado, cuando hablo de explotar el potencial hereditario, hablo de nunca desconocer el legado familiar y no avergonzarse ni esconder los talentos heredados. Yo por ejemplo, siendo músico académico, el camino de la vida me llevó al campo y al oficio de la construcción. Ese talento se me dió mucho más fácil que la música. Un par de años más tarde me senté a hablar con mi abuelo paterno y para mi sorpresa, resulta que fue constructor. Al mostrarle las fotos de lo que he logrado hacer en ese campo, se le hicieron agua los ojitos y me dijo “Mijo, usted logró hacer con ese oficio lo que yo siempre soñé y nunca logré”.
Al conocer esa historia, más orgulloso soy de ese oficio, porque ese sentimiento de “lo llevo en la sangre” te hace sentir que perteneces a algo más grande. Eso es el linaje.
Y tu: ¿Que llevas en la sangre?

