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La lealtad es una virtud que se entrega sin esperarla de vuelta, pero que cuando no es recíproca hace hielo nuestros recuerdos. Me decia un taita kofan cuando era un adolescente: “Jorge: unas veces somos Cristo, otras Judas, otras Pedro y otras Poncio Pilato”. Eso quiere decir que hemos sido víctimas y victimarios, y que incluso siendo víctimas, podemos ser señalados como los villanos.
Siempre al relacionarnos corremos el riesgo de decepcionarnos. Entre más profundo es el sentimiento, más duelen los desengaños. Sin embargo, al pasar el trago amargo del duelo, las enseñanzas quedan y el resentimiento cicatriza, dejando una marca que se llama madurez.

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Esa madurez nos enseña que para proteger una amistad, hay que aprender a delimitarla en el momento preciso, porque ya cuando la confianza traspasa barreras que no son sanas, no fue el otro quien falló, sino nosotros mismos por temer a que en la prueba nos demuestren lo que es, y que eso sea diferente a lo que parecía ser, producto de nuestras ilusiones.
Siempre escucho a los mayores decir que los amigos no existen, pero creo que es mejor ser un terco por la filantropía. Yo creo en la amistad ¿y ustedes?

