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El que llega al yagé buscando una experiencia recreativa y “lucecitas de colores” se va de para atrás cuando la medicina le jala las orejas y lo sienta a conversar con sus diablitos. Me encanta la frase de la canción Dijo el diablo de Buena Fe: “El diablo no tiene la razón, pero es bueno escuchar lo que tiene que decir”.
He escuchado a muchos pacientes decir con angustia: “Anoche vi al diablo tal cual, con sus cachos y cola”, “Vi que me hacían daño con brujería” o “Vi ratas y animales horripilantes”. La pregunta inmediata es: ¿Acaso eso es real? ¿Es una premonición de algo que me va a pasar?
El lenguaje de las imágenes
En el campo chamánico no existen conjeturas absolutas, pero sí una realidad psicológica: desde la niñez, nuestro cerebro aprende a relacionar conceptos abstractos con imágenes concretas. Si crecimos escuchando historias de espantos o descripciones de la maldad como un ser con cuernos, nuestro subconsciente utilizará ese “archivo” para darle forma al miedo durante los estados modificados de conciencia que produce el yagé.
Aquí es donde entra la visión de Carl Jung. Para él, estas figuras no son “maldad externa”, sino proyecciones de La Sombra. Jung explicaba que aquello que no somos capaces de mirar de frente en nuestra vida diaria (nuestras inseguridades, fallas de carácter o traumas), se personifica en el mundo interno. Según Jung:
Nadie se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente su propia oscuridad.
Por lo tanto, ver al “diablo” no es ver a un ente externo, sino ver el disfraz que tu mente le puso a una emoción que no has querido tramitar.

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De la visión a la pregunta
Cuando el miedo se presenta en la maloca, en lugar de cerrar los ojos o huir, el ejercicio valiente es preguntarnos: ¿Por qué mi subconsciente le ha dado esa forma? ¿Qué pistas me da esa imagen sobre mis miedos actuales?
Si las visiones temerosas son recurrentes, suelen representar una falta de certeza en diversos aspectos de nuestra vida. El miedo, en su raíz más profunda, es inseguridad.
El entrenamiento para la vida
Exponerse a nuestras fobias bajo el efecto de la medicina es un campo de entrenamiento maravilloso para forjar seguridad. La ceremonia es un espacio controlado y seguro donde puedes aprender a no salir corriendo ante la presencia de lo incómodo.
Como bien decía Jung, aquello que niegas te somete, pero aquello que aceptas te transforma. Al “escuchar al diablo” —es decir, al mirar de frente tu inseguridad— le quitas el poder de asustarte. Así, cuando la vida afuera de la maloca te presente escenarios difíciles, ya no reaccionarás desde el pánico, sino desde la templanza de quien ya ha conversado con sus propios demonios y ha salido fortalecido de la charla.

