TOCA AQUÍ PARA DESCARGAR LA FOTO DEL RETIRO 11 de abril.
A raíz de los lamentables hechos ocurridos recientemente en San Antonio del Tequendama, donde la integridad de una mujer fue vulnerada bajo la excusa de un ritual, siento el deber moral de alzar la voz. Llevo la medicina en mi corazón con orgullo y convicción; soy guía, preparo la medicina y la comparto con muchos seres. Por ello, no puedo callar ante la perversión de lo sagrado.
La Medicina es Inocente, el Hombre decide su camino
La naturaleza no tiene malicia. Los enteógenos son espíritus puros que están aquí para servirnos. Sin embargo, no hay ejemplo más claro del libre albedrío que este: si la herramienta más poderosa cae en manos de un ser perverso, cualquier señal de poder será la excusa perfecta para alimentar sus delirios.
En este caso, usaron la espiritualidad como fachada, pero esa espiritualidad es, a todas luces, falsa.
Más allá de la raza: Una cuestión de integridad
A menudo escuchamos que la medicina “solo es segura si la entrega un indígena”. Ojalá eso fuera una garantía absoluta, pero la historia del yagé en el contexto urbano nos dice lo contrario.
La bondad y la maldad no distinguen raza ni origen. Hombres, tanto indígenas como mestizos, han fallado de pensamiento y acción en el respeto que se le debe a una mujer durante estas terapias. La seguridad no reside en el atuendo o el origen, sino en la compostura y la rectitud de quien guía.
Guía de Seguridad para Mujeres en el Camino del Yagé
Como hombre medicina y aprendiz constante de este camino, quiero compartir estos puntos fundamentales que toda mujer debería considerar antes de decidir asistir a un ritual:
- La presencia de la fuerza familiar
- Es preferible que el equipo de trabajo cuente con la estructura de una familia. No hablo de plumas o coronas, hablo de la presencia de un Mayor que represente la madurez (un padre o madre con hijos ya adultos).
- Es una gran señal que el guía trabaje junto a su compañera. En mi caso, trabajar junto a mis padres y tener a mi lado a una mujer que refleja el respeto que profeso, es lo que me mantiene caminando derechito.
- ¿Camina lo que canta?
- Conoce la trayectoria de quien te va a guiar. Investiga qué hace esa persona cuando no está ofrendando medicina. La pregunta clave es: ¿Su vida cotidiana es coherente con sus cantos?
- El espacio de la ceremonia
- Jamás permitas ningún tipo de “limpia” o “terapia” en un recinto apartado del núcleo de la ceremonia, y mucho menos en un lugar cerrado o privado. La transparencia del espacio es tu seguridad.
- Límites en el contacto físico
- Ese cuento de que es necesario el contacto físico directo durante la ceremonia es, en su gran mayoría, una mentira. La waira te toca, la ortiga te toca, las manos no te tocan.
- Si es estrictamente necesario aplicar ungüentos, aceites o aromas que requieran contacto, DEBE haber una mujer medicina presente para hacerlo. > Mi regla personal: Yo nunca realizo una limpia a una mujer sin la presencia de mi compañera de vida o de mi madre. La masculinidad noble se demuestra en el respeto absoluto al espacio y al cuerpo del otro.

